domingo, 21 de agosto de 2011

TEMA 8 PRESCRIPCIÓN Y ADMINISTRACIÓN DE FÁRMACOS


Tema 8 Prescripción y administración de fármacos

1. La receta médica

La receta es una orden médica para que se dispense por parte del prescriptor un fármaco específico a un paciente determinado. Contiene también las indicaciones acerca de la administración del fármaco: dosis, vía, duración del tratamiento, etc. Como documento, tiene una estructura particular y unos requisitos legales a cumplimentar (fecha, nº de colegiado del médico, etc.).Existen varios tipos: recetas para tratamiento ordinario, para tratamiento de larga duración, etc.
Obtención de fármacos en el hospital
Los medicamentos se solicitan al Servicio de Farmacia del hospital, el cual los envía a las correspondientes unidades de enfermería, que los almacenarán y custodiarán para su uso. Este es el sistema más común. También puede seguirse el “sistema individual”: se envía a la farmacia del hospital una copia de las órdenes del médico y esta envía una dosis individual del medicamento para un determinado paciente. Además, en todas las salas del hospital deben estar presentes los botiquines, que son pequeños almacenes de medicamentos que pueden necesitarse en casos de urgencia, controlados y cerrados bajo llave.
Evitar errores de medicación
El enfermero/a es el último “punto de control” en la administración del fármaco al paciente. El médico es quien prescribe el medicamento, que ha sido suministrado y/o preparado por el servicio de farmacia, para que el enfermero/a lo administre al enfermo. Tanto los médicos como farmacéuticos y enfermeros/as sirven de puntos de control para verificar la seguridad e idoneidad del fármaco que se va a administrar al paciente, pero el enfermero/a  está situado en el eslabón final de esta cadena. Es el enfermero/a quien puede detectar un error en la medicación antes de que el fármaco sea finalmente administrado al paciente.

Veamos algunas normas que deben seguirse para evitar errores de prescripción (nota: de este apartado solo va para el examen exclusivamente lo señalado en letra negrita):

1. Fármaco adecuado. Revisa siempre la prescripción antes de administrar el fármaco al paciente. Evita las órdenes verbales, siempre que sea posible que sean por escrito. Revisa el nombre del fármaco, tanto el genérico como el comercial (algunos fármacos son de nombre muy parecido y pueden confundirse al escribirlos, pero si escribimos tanto el comercial como el genérico, se reduce las probabilidad de confusión). Evita las abreviaturas, y si no estas seguro del significado de alguna en la orden escrita que has recibido, debes siempre consultarlo. Por último, controla que el fármaco tenga sentido de acuerdo a la patología del paciente.
2. Vía adecuada. Revisa las formas farmacéuticas disponibles para asegurarte que puedes administrar el fármaco de acuerdo a la prescripción. Controla la idoneidad de la vía indicada y si el paciente puede admitirla (por ejemplo, si el paciente tiene problemas para deglutir, quizás sea mejor dar una forma líquida oral en lugar de una tableta o cápsula). No uses abreviaturas tipo IV o SC para indicar vías de administración: se ha comprobado que a menudo son malinterpretadas y conducen a error.
3. Dosis adecuada. Es muy importante escribir correctamente las cifras para que no haya confusiones. Algunas normas: para evitar errores por el punto decimal, coloca siempre el cero delante. Es decir, escribe “0,3 mg” y no “,3” o “.3” (ya que es fácil que el punto o la coma no los vean y lean 3 miligramos en lugar de cero coma tres). Por lo mismo, evita cifras tipo “6,0 ml” o “6.0 ml”, que pueden confundirse con sesenta mililitros si no ven el punto o coma. Escribe en su lugar “6 ml”. Si recibes una orden de administración y la dosis no te parece “lógica” (demasiado grande o demasiado pequeña), consúltalo con el médico. Los cálculos de dosis deben hacerse dos veces, para asegurarse de que son correctos. Esto en particular es importante en fármacos de bajo índice terapéutico, por el riesgo de toxicidad. Si tienes que fragmentar una forma farmacéutica, por ejemplo cortar en dos un comprimido para reducir la dosis a la mitad, asegúrate mediante el correspondiente prospecto que ese medicamento lo admite (en algunos medicamentos no puede hacerse).
4. Tiempo adecuado. Las sucesivas tomas de medicamento han de realizarse en el tiempo previsto para mantener los niveles terapéuticos de fármaco en sangre. Algunos fármacos son más “relajados” en cuanto al cumplimiento estricto de las tomas, pero en otros es muy importante que se hagan a tiempo, para evitar el fracaso terapéutico del fármaco o evitar toxicidad. Hay que educar al paciente para que sea consciente de ello. Diseña con el paciente una agenda de acuerdo a sus ritmos particulares de actividad diaria (la hora a la que se levanta, la de la comida, etc.) para hacer coincidir la toma del medicamento con estos momentos, minimizando así la posibilidad de que se olvide. Ten en cuenta también las posibles interacciones: con otros fármacos que esté tomando, si deben tomarse con alimento, o con el estómago vacío, etc.
5. Paciente adecuado. Controla que se trata efectivamente del paciente que debe recibir la medicación, incluso aunque pienses que le conoces. Pregúntale su nombre o lee su tarjeta de identificación si la tiene. Revisa el diagnóstico del paciente y comprueba que el fármaco que le vas a administrar es coherente con su diagnóstico. Si no lo es, consulta al médico antes de administrarlo. Asegúrate de que el paciente no es alérgico en caso de fármacos que provoquen con frecuencia reacciones de hipersensibilidad, como las penicilinas. Pregunta específicamente al paciente acerca de fármacos que puede haber olvidado mencionar que está tomando (como infusiones de hierbas, anticonceptivos, y algunas medicaciones crónicas, como insulina o tiroideos): evitaremos problemas de interacción que podrían originar sobredosis y toxicidad. Si vamos a administrar más de un fármaco, revisa que no existan interacciones perjudiciales entre ellos (consulta las fuentes de información en Farmacología Clínica pertinentes).

Como resumen de todas estas normas, podemos decir que “ante la duda, revisarlo”.

Nunca debe administrarse un fármaco a un paciente sin estar seguros de que se trata del paciente adecuado, la dosis y tiempos correctos y el fármaco apropiado administrado por la vía adecuada.

Las “5 reglas”:    1. Fármaco adecuado
                     2. Vía adecuada
                     3. Dosis adecuada
                     4. Tiempo adecuado
                    5. Paciente adecuado
               
2. Pacientes especiales

Vamos a ver continuación algunos tipos de pacientes particulares que requieren consideraciones especiales a la hora de administrar un medicamento: los pacientes con insuficiencia hepática o renal, los pacientes geriátricos o pediátricos, la mujer embarazada y la madre lactante.

1. Insuficiencia Renal                           

La principal vía de eliminación de fármacos es el riñón. Además, es uno de los órganos que mayormente sufre los efectos tóxicos de los medicamentos, porque los concentra desde sangre para eliminarlos por la orina. Si el fármaco es tóxico, el riñón puede estar “recibiendo” una mayor cantidad de fármaco que cualquier otro órgano del cuerpo. Hay que tener en cuenta también si el fármaco es nefrotóxico antes de administrárselo a un paciente con insuficiencia renal (en cuyo caso conviene sustituirlo por otro fármaco con efecto equivalente). Los efectos tóxicos a veces son de tipo inmunológico (y no están por tanto relacionados con la dosis administrada de fármaco, dosis pequeñas pueden producirlos).Al concentrar más fármaco que los otros órganos, como acabamos de comentar,  el riñón será más intensamente atacado por el sistema inmunitario, apareciendo lesiones renales, como la glomerulonefritis y la nefritis intersticial.

En la insuficiencia renal se produce una disminución de la eliminación del fármaco por esta vía, por que el riñón no funciona a pleno rendimiento. La consecuencia puede ser que el fármaco que hemos administrado a una dosis normal alcance niveles tóxicos en sangre, porque al disminuir la eliminación renal se acumula a niveles mayores en plasma y permanece más tiempo en el organismo. ¿Qué podemos hacer si nos encontramos con un paciente que padece insuficiencia renal? Reajustar las dosis administradas del fármaco. Esto puede hacerse, o bien disminuyendo la cantidad de fármaco que se le administra, o bien espaciando las sucesivas dosis más tiempo del habitual (para darle al riñón más tiempo para eliminarlo y que no se acumule con cada administración).

            Ajustar la dosis = ↓ dosis o “espaciarlas” en el tiempo

Algunas veces la patología renal produce hipoproteinemia (disminución de las proteínas en sangre). Es por que las proteínas se están “escapando” a orina desde el riñón dañado (lo que en condiciones normales no ocurriría: las proteínas plasmáticas no se filtran a orina en un glomérulo sano). Si el fármaco que administramos es de los que se une en gran proporción a las proteínas plasmáticas, también tendremos que reajustar las dosis (por que es la fracción de fármaco libre la que produce la acción farmacológica: si hay pocas proteínas para unir fármaco, la fracción libre aumentará mucho y puede llegar a niveles tóxicos). No siempre es necesario: ya vimos en el tema 7 que en muchos casos la interacción por desplazamiento de la unión a proteínas plasmáticas no causa ningún problema, por que la fracción de fármaco libre en exceso se redistribuye y elimina con gran rapidez.

Algunas patologías renales producen retención hidrosalina (el organismo retiene más agua y electrolitos de lo normal, los elimina en menor proporción por orina). En consecuencia, el cuerpo tiene mucha agua y el fármaco se encontrará más diluido en el organismo. Puede ser necesario incrementar la dosis para que se concentre y pueda tener lugar el efecto terapéutico (recordemos que la intensidad del efecto farmacológico depende de la concentración del fármaco alrededor de su receptor, que es más o menos igual a la concentración del fármaco en sangre).

En caso de que el paciente esté deshidratado, encontramos el caso contrario: un fármaco excesivamente concentrado en el que puede ser necesario reajustar la dosis por disminución.

2, Insuficiencia Hepática

El hígado es el principal órgano responsable del metabolismo de fármacos. En la insuficiencia hepática, los fármacos que se eliminan mayoritariamente por el hígado pueden acumularse en el organismo, sobre todo en la administración repetida. En algunos casos, estos acumulos producirán efectos tóxicos. Si el fármaco produce hepatotoxicidad, puede estar contraindicada su aplicación si hay patología hepática. En la insuficiencia hepática se observan además cambios importantes en la biodisponibilidad, la unión a proteínas plasmáticas e incluso cambios farmacodinámicos.

Por ejemplo, debido a la disminución del metabolismo de primer paso hepático, fármacos como la morfina, la nitroglicerina, el propranolol o el verapamil pueden aumentar mucho su biodisponiblidad. En patologías como la cirrosis, disminuye la cantidad de albúmina sintetizada (la principal proteína transportadora plasmática) y pueden afectarse los niveles de fracción libre en plasma del fármaco. La disminución de la eliminación hepática por metabolización del fármaco puede incrementar sus niveles en sangre (a veces se recurre a administrar otro fármaco que sea inductor de las enzimas hepáticas, para compensarlo). La eliminación biliar también puede estar afectada (influirá o no según el grado de utilización de esta vía por el fármaco para eliminarse). Estos problemas sólo los encontraremos en caso de insuficiencias hepáticas graves, ya que en general las alteraciones hepáticas que reducen el metabolismo sólo causan alteraciones subclínicas.

Sorprendentemente, a veces también se encuentran cambios farmacodinámicos cuando hay insuficiencia hepática: por ejemplo, aumenta el efecto sedante de las benzodiacepinas y depresores del SNC en general (se ha sugerido que en realidad es debido a que la BHE es más permeable por la patología hepática, o sea, en realidad sería un fenómeno farmacocinético más que farmacodinámico).
Algunos fármacos resultan tóxicos para el hígado. Los efectos tóxicos pueden ser reacciones alérgicas, destrucción de hepatocitos, o interferencias con el metabolismo de la bilirrubina (con aparición de bilirrubinemia e ictericia). No es aconsejable utilizar fármacos que produzcan toxicidad hepática en pacientes con afecciones hepáticas, a no ser que se esté seguro de que no agravarán la condición patológica.

3. Fármacos en Geriatría

Los ancianos presentan algunas enfermedades específicas de su edad y también una mayor incidencia de enfermedades comunes. Por lo que la Polifarmacia (administrar muchos fármacos a la vez) es corriente en estos pacientes, y hay que tener especial cuidado con la aparición de interacciones medicamentosas. Los ancianos además presentan cambios en la funcionalidad y composición orgánica de sus órganos, por lo que podemos encontrar comportamientos farmacocinéticos diferentes al del paciente estándar cuando administramos un fármaco. Son pacientes delicados, más vulnerables a los efectos tóxicos, con frecuentes carencias nutricionales y con menos defensas inmunológicas. Muchas veces presentan un deterioro de las funciones cognitivas, en particular de la memoria, con lo que con frecuencia se olvidan de tomar los fármacos que les han recetado. El anciano es un tipo de paciente particular en el que suelen coincidir muchos fármacos a la vez (aumentando la posibilidad de interacciones perjudiciales), que tiene una fisiología especial (alterándose el comportamiento farmacocinético de los fármacos), con problemas nutricionales y menos defensas inmunológicas, y con alteraciones de la memoria que originan incumplimiento terapéutico.

No sólo se afecta el comportamiento farmacocinético, también encontramos alteraciones farmacodinámicas, porque sus células tienen menos receptores y está disminuida la sensibilidad celular. Algunos fármacos concretos, en consecuencia, tienen un efecto farmacológico aumentado, porque los mecanismos que regulan la fisiología, basados en receptores, funcionan peor, y el organismo no puede “compensar” con la eficacia habitual las alteraciones fisiológicas que produce el fármaco. Por ejemplo, los fármacos que afectan la función cardiaca, la volemia y vasos sanguíneos o el SNC tienen un efecto más intenso, tanto en la acción farmacológica deseada como en los efectos adversos. Las reacciones adversas pueden ser más peligrosas, incluso las más inofensivas, por ejemplo la hipotensión postural: al ser el anciano más débil y menos ágil, y tener los huesos más frágiles (por descalcificación), la hipotensión ortostática que inducen los vasodilatadores puede conducir a una caída con fractura ósea. En el anciano los efectos de algunos fármacos (y sus reacciones adversas) pueden ser más intensos de lo normal y puede ser necesario reducir las dosis.

4. Fármacos en Pediatría

Los niños son organismos en crecimiento cuyas características fisiológicas pueden variar bastante con cada edad. En niños muy pequeños podemos encontrar efectos tóxicos específicos de algunos fármacos, debido a que sus sistemas enzimáticos metabolizadores no están maduros (recordar el caso del síndrome gris por administración de cloranfenicol en bebes). Hay que tener especial cuidado cuando se trata de administrar fármacos que puedan interferir con el correcto desarrollo del niño, como por ejemplo en el crecimiento (corticoides), la dentición (tetraciclinas) o el desarrollo psicomotor (fenobarbital).

Las dosis de los fármacos normalmente requieren un ajuste respecto a las de los adultos. Los ajustes pueden ser “aproximados”, utilizando una serie de “reglas” como la de Young, Clark o la de Friedman; o bien más finos, mediante una serie de gráficas (nomogramas) que utilizan los pediatras para ajustar la dosis a un niño de acuerdo a su estatura, peso y superficie corporal. Este ajuste más exacto sólo se hace con fármacos particulares en los que hay que ajustar muy bien la dosis, como los de índice terapéutico estrecho. A modo de ejemplo, exponemos los ajustes de dosis basados en reglas (no es necesario memorizarlas):

La regla de Fried:
Dosis infantil =  edad (meses) /150 meses  x  dosis de adulto
La regla de Clark:
Dosis infantil =  peso del niño (kilos) /150 kilos  x  dosis de adulto
La regla de Young:
Dosis infantil =  (edad del niño (años) / [edad del niño (años) + 12]) x  dosis de adulto
Algunas formas farmacéuticas pueden no ser convenientes en niños muy pequeños (bebes). Por ejemplo, no pueden deglutir cápsulas o comprimidos. Usaremos formas líquidas en su lugar.

El niño es un paciente “poco colaborador”. La administración de fármacos a niños requiere una psicología especial, distinta para cada rango de edad. Por ejemplo, los niños de 6 o más años son más receptivos a una explicación de por qué ese medicamento con sabor desagradable es beneficioso para él; mientras que en los niños de 2 a 5 años funcionan mejor los “juegos” para conseguir que tomen el medicamento. Esta es una habilidad  que se adquiere con la experiencia. Como regla, evitar cualquier tipo de actitud agresiva o coacción para lograr que el niño ingiera el fármaco, a la larga nos perjudicará. Hay que evitar administrar  medicamentos a niños que lloran o están “medio dormidos”: es frecuente que se produzca una neumonía por aspiración.

 

5. Medicamentos y embarazo

En el embarazo hay que considerar principalmente dos cosas: que la madre ha sufrido cambios hormonales que modifican la fisiología normal y pueden alterar los parámetros farmacocinéticos del medicamento; y que algunos fármacos pueden causar efectos perjudiciales sobre el feto (teratogénesis fundamentalmente). Es decir, hay dos individuos implicados: la madre y el feto.

En general, la norma que se sigue es: “en el embarazo, todo está contraindicado, a no ser que se demuestre lo contrario”. Quiere decir que, por principio, si no hay un estudio que demuestre que un medicamento no es perjudicial en el embarazo, no se administrará mientras no sea imprescindible, aunque podamos pensar que por sus características tal medicamento resultará seguramente inofensivo. Muchos fármacos no se recomienda administrarlos simplemente porque el estudio que demuestra su inocuidad aún no se ha realizado (los “prospectos” normalmente advierten acerca de la insuficiencia de datos o estudios clínicos que demuestren que el fármaco es seguro durante el embarazo).Durante la lactancia, se tendrá en cuenta que algunos fármacos pueden llegar al niño desde la madre a través de la leche materna.

La embarazada ha sufrido cambios en su fisiología que pueden afectar los parámetros farmacocinéticos de muchos fármacos. Por ejemplo, aumenta la actividad metabólica hepática durante el embarazo, hay menos absorción oral de algunos fármacos (porque cambia la velocidad de vaciado gástrico y la motilidad intestinal), aumenta el volumen de agua corporal (afectando al volumen de distribución), y aumenta la eliminación renal. Los fármacos pueden comportarse farmacocinéticamente de forma diferente en la mujer embarazada.

Los fármacos que pasan la barrera placentaria pueden alcanzar el feto y ejercer acciones indeseadas. Por ejemplo, fármacos depresores del SNC, como los opiáceos o ansiolíticos pueden deprimir el SNC fetal.

Algunos fármacos pueden causar teratogénesis. Cuando el embrión es muy pequeño, tiene muy pocas células, y estas pocas células son las que, por división, van a dar lugar a todas las demás, a todos los órganos desarrollados del neonato. Si algún fármaco con efectos tóxicos mata o altera algunas de ellas, nos vamos a encontrar una malformación en el órgano que esas células iban a formar. El período crítico para la aparición de malformaciones fetales es de la semana 5ª a la 12ª del embarazo. Después también se pueden producir malformaciones, pero no tan graves ni con tanta probabilidad como en estas semanas iniciales del embarazo. Antes de la 5ª semana, lo que suele ocurrir es el aborto o muerte fetal.

Algunos efectos teratogénicos provocados por fármacos (no es necesario aprenderse ninguno, solo son ejemplos):
-          Tetraciclinas à alteraciones del desarrollo de huesos y dientes
-          Warfarinaà defectos en los miembros, nariz en silla de montar, retraso del crecimiento
-          Andrógenosà masculinización de niñas
-          Anticonvulsivantesà microcefalia, retraso mental

6. Otros tipos de pacientes
Aparte del paciente con insuficiencia renal o hepática, la embarazada niño y anciano, existen otras consideraciones que pueden provocar que la respuesta a fármacos que nos encontremos sea diferente a la que se daría en el paciente habitual o “estándar”. Por ejemplo, el sexo del paciente (existen algunas diferencias en el comportamiento de fármacos en el hombre y la mujer), la raza (hay diferencias génicas entre razas que condicionan repuestas diferentes a algunos fármacos), e incluso el estado psicofisiológico del paciente: un paciente que está exaltado o excitado, o un paciente que acaba de realizar un importante esfuerzo físico (un atleta que termine de participar en una competición, por ejemplo) pueden tener cambios en los efectos farmacológicos esperados debidos a que su Sistema Nervioso Simpático está “más activo” de lo normal.

3. Fuentes de Información en Farmacología Clínica (Nota: este apartado no va para examen)

El planteamiento o propósito del siguiente apartado es el siguiente: dada una situación en la que necesitamos conocer algún aspecto o característica de la medicación que vamos a emplear, decidir como seleccionar apropiadamente la fuente de información bibliográfica en la que más probablemente encontremos la respuesta a nuestra duda o cuestión planteada.

1. Por qué se debe consultar la bibliografía farmacéutica
Existen multitud de fármacos en uso. Es imposible conocerlos todos. En España se utilizan entre 12000 y 15000 productos diferentes; y cada año desaparecen productos del mercado y aparecen otros nuevos. La farmacología además es un campo en continuo movimiento, en el que si no se realiza una constante actualización, los conocimientos quedan rápidamente desfasados. El enfoque de esta asignatura ha sido el de un énfasis en los principios de la farmacología más que en la memorización de las características de los genéricos de uso actual. Los medicamentos en uso cambiarán con el tiempo, pero los principios farmacológicos son siempre los mismos: su dominio permite el autoaprendizaje y constante renovación que exige la farmacología clínica.
Algunas normas para selección y uso de las fuentes de información en farmacología clínica

1. Elige una fuente de información del nivel adecuado. Algunos libros son para especialistas, otros en cambio son introductorios y muy simples. En el primer caso, es fácil que no podamos seguir la argumentación, por ser necesarios conocimientos de fisiología, medicina, anatomía, bioquímica, etc. por encima del nivel que tenemos; en el segundo caso el libro puede ser tan sencillo que no encontremos la respuesta a nuestra pregunta.

2. Elige la fuente de información adecuada a la pregunta planteada. Si se trata de una cuestión de farmacocinética, un tratado de Farmacología General es lo recomendable. Si estamos ante un caso de envenenamiento, consultaremos un libro de toxicología o llamaremos al Centro Nacional de Información Toxicológica. Si es acerca de un tratamiento o dosis terapéutica, probablemente encontraremos nuestra respuesta en un libro de Farmacología Clínica, pero quizás no en uno de Farmacología General. Existen libros especializados en reacciones adversas, como el “Meyler´s Side Effects of Drugs”; y también libros de interacciones farmacológicas. Para consultar sobre un fármaco en particular, el Catálogo de Especialidades Farmacéuticas del Consejo General de Colegios Oficiales Farmacéuticos o una base de datos como el BOT (Base de Datos del Colegio Oficial de Farmacéuticos de España) es lo mejor. Para actualizarse y conocer los nuevos medicamentos, hay que leer revistas especializadas (como “Panorama Actual del Medicamento”), que contienen información más actualizada que la de los libros, al publicarse mensualmente. La información más técnica y “de última hora”, pero también especializada y compleja, la encontraremos en los Journals, las revistas dedicadas a publicar los trabajos de investigación (fundamentalmente están todos escritos en inglés).Por ejemplo, The Journal of Clinical Pharmacology, Hospital Pharmacy, o The Journal of Nursing. Como fuente de información para el trabajo diario en el centro sanitario, un manual de farmacología para enfermería resulta muy adecuado.

3. Aprende a manejar las fuentes de información bibliográfica. Las bases de datos en CD o por Internet son extremadamente útiles. Por ejemplo, podemos introducir “Tetraciclina” y, a continuación, pedirle a la base de datos que nos busque las posibles interacciones con otros medicamentos: en menos de un segundo, aparece una lista de unos 100 fármacos, todos ellos con su correspondiente ficha farmacológica. Pero no nos servirán si no sabemos utilizarlas. Aprender a manejar una base de datos es como manejar cualquier otro programa informático: requiere dedicarle un tiempo con la técnica de “ensayo y error” hasta dominar la aplicación. Los libros también requieren un aprendizaje de manejo. En primer lugar, hay que consultar el índice de capítulos, para hacernos una idea general del contenido del libro. Si buscamos una información concreta sobre un efecto adverso o un principio activo particular, hay que mirar en el índice analítico (que está siempre al final del libro: es una lista de las palabras clave que aparecen en el texto con las páginas en las que aparece cada palabra). En caso de libros extensos y complicados de manejar, como los Vademécums farmacéuticos, tienen una organización particular que hay que conocer si queremos consultarlos (si no la conocemos, resultará difícil encontrar la información que buscamos). Por ejemplo, el “PDR” americano está organizado en:

(1) The Manufacturers' Index. (lista de fabricantes de los medicamentos que aparecen en el PDR y formas de contacto).

(2) The Product Name Index (índice de medicamentos que aparecen en el PDR, por genéricos y también con el nombre comercial).

(3) The Product Classification Index (clasificación terapéutica de los fármacos).

(4) The Generic and Chemical Name Index. (clasificación de fármacos por su grupo químico y por el nombre genérico).

(5) The Product Identification Section (fotografías de tabletas, cápsulas y envases de medicamentos, para reconocerlos visualmente).

(6) The Product Information Section (lista de unas 2,500 fichas farmacéuticas, con nombre comunes, composición, nombres químicos y genéricos, administración, dosis, contraindicaciones, etc.).

(7) The Diagnostic Product Information Section (lista de productos de diagnóstico, organizados alfabéticamente).

(8) The Poison Control Centers Section (lista de centros de control toxicológico y sus teléfonos).

(9) The Guide to Management of Drug Overdose Section (guía para casos de sobredosis de fármacos).

(nota: la clasificación del PDR está solo a título ilustrativo, no hay que aprenderse nada de ella)



4. Utiliza un manual de enfermería para el trabajo diario. En la práctica diaria es muy apropiado el uso de un manual o “Handbook” de Farmacología Clínica para enfermería, como el  “Real World Nursing Survival Guide: Pharmacology” (Mc Cuistion & Gutierrez).  Cada vez que tengamos que utilizar un fármaco, especialmente uno que no hayamos utilizado anteriormente, consultaremos el libro: ¿Qué efectos adversos puedo esperar para este medicamento? ¿Hay algún aspecto de su farmacocinética especialmente relevante que deba conocer? ¿Qué interacciones pueden producirse? ¿Cómo se maneja este principio activo, es sensible a la luz o puede precipitar? ¿Requiere administrarse inmediatamente tras su preparación? Con esta práctica, adquiriremos con el tiempo un conocimiento extenso y profundo de la Farmacología Clínica.

2. ¿Dónde encontrar información acerca de los medicamentos? Veamos algunas fuentes de información bibliográfica (no es necesario memorizar nada de este apartado, tan solo hay que leérselo al menos una vez).

Catálogo de Especialidades Farmacéuticas. Consejo General de Colegios Oficiales Farmacéuticos. Colección Consejo. Madrid. La mejor obra de referencia sobre medicamentos disponible en España. Es un catálogo extraordinariamente completo sobre las especialidades farmacéuticas y de parafarmacia disponibles en nuestro país. Se edita anualmente.

BOT. Base de Datos del Colegio Oficial de Farmacéuticos de España. Consultable a través de Internet: www.portalfarma.com/home.nsf y también puede conseguirse en CDROM. Contiene fundamentalmente la misma información del Catálogo de Especialidades Farmacéuticas, pero organizada en una base de datos que facilita enormemente la consulta. Se actualiza periódicamente.

Vademécum Internacional. Especialidades farmacéuticas y biológicas, productos y artículos de parafarmacia, métodos de diagnóstico. Medicom. Madrid.
El catálogo más utilizado probablemente entre los profesionales médicos españoles, a pesar de que no es completo. Incluye fotografías de especialidades farmacéuticas que facilitan su identificación.

INTERCON. Índice de especialidades farmacéuticas, prescripción racional de fármacos. Ed. Edimsa, Madrid. Similar al Vademécum Internacional, pero con información adicional sobre farmacología clínica.

Physician´s Desk Referente (el “PDR”). Un vademécum muy amplio y con monografías muy completas de medicamentos, el más usado por los médicos norteamericanos.

Meyler´s Side Effects of Drugs. Dukes & Aronson. Ed. Elsevier. Amsterdam, 2000. La obra de referencia para reacciones adversas a los fármacos. Se revisa cada 4 años, y además se publica una actualización anual.

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